¿Con qué contamos para luchar contra los impulsos?

La persona puede encauzar, oponerse o sobreponerse a los impulsos o instintos gracias a, entre otros fenómenos, la libertad y la responsabilidad.
La persona es esencialmente un ser que trasciende las necesidades. “Existe” en una relación libre respecto a las necesidades. Necesidades y libertad no están en el mismo plano.

De hecho, la libertad humana está y se construye por encima de cualquier necesidad y es una libertad frente a tres cosas:

El hombre es libre frente a los instintos. El hombre posee instintos pero éstos no le poseen a él. Él hace algo a partir de los instintos, pero los instintos no le constituyen a él.
El hombre tiene instintos, el animal “es” sus instintos. Lo que el hombre hace frente a sus instintos constituye su libertad, se puede dejar llevar por ellos o no. Por tanto, instintos y libertad estarían en una correlación recíproca.
También es libre frente a la herencia. La investigación genética ha demostrado hasta que punto el hombre posee libertad incluso frente a su disposición genética.
Igualmente es libre frente al medio ambiente. Éste tampoco constituye todo el hombre, más bien todo depende de lo que el hombre hace con el medio ambiente, de qué actitud toma frente al medio ambiente
Tanto la disposición vital, de la cual se ocupa la biología y la psicología, como la situación social, de la que se ocupa la sociología, representan la posición natural del hombre y además a ellas se une la actitud personal, la toma de posición personal respecto a lo anterior. Esta actitud es esencialmente libre, es decisión y por tanto, gracias a la libertad de la actitud personal siempre es posible un cambio existencial.
El hombre es sólo hombre en la medida en que como ser espiritual está por encima de su ser corporal y psíquico. Y como ser espiritual, se encuentra confrontado con el mundo pero también toma posición frente a él, siempre se puede “disponer” y “comportar” de alguna forma frente a él y este comportamiento es un comportamiento libre. Es decir, designamos como espiritual en el hombre aquello que puede con todo lo social, lo corporal y lo psíquico en él, lo espiritual es por definición lo libre en el hombre.
La disposición de carácter no es en ningún caso lo decisivo; lo decisivo es la toma de posición de la persona. En última instancia decide siempre la persona (espiritual) por encima del carácter (psíquico).
Además, aunque a veces pensemos lo contrario, la libertad humana no se identifica con omnipotencia ni con arbitrariedad. El ser libre del hombre no es un hecho es una facultad.
Las personas podemos elegir:
qué respuestas nos vamos dando a nosotros mismos a las preguntas ¿quién soy yo?, ¿de dónde surgí?, ¿a dónde voy?
que respuestas les damos a los demás acerca de quién son los otros;
cómo vamos desarrollando nuestra respuesta personal en la doble dimensión de estar con nosotros mismos y estar con el otro.
las personas respondemos ante nosotras mismas y ante los demás de los motivos de nuestras decisiones; y de la misma manera hemos de asumir las consecuencias derivadas de ellas y plantearnos nuevas preguntas y respuestas en la situación originada. Es decir, la libertad nos responsabiliza de nuestras decisiones y actos.
La responsabilidad es la capacidad de responder libremente a las preguntas que ofrece la vida, en cada situación en que nos encontramos, así como de asumir las consecuencias o efectos de nuestras decisiones.
Pero ¿de qué somos responsables? Somos responsables de realizarnos a nosotros mismos a través de la entrega, el sacrificio y el abandonarnos al mundo y a los cometidos y exigencias que desde él se introducen en nuestras vidas, a que nos importe el mundo de ahí fuera y los objetos, más que nosotros mismos o nuestras propias necesidades, de que cumplamos con cometidos y exigencias.
Y, ¿ante qué somos responsables?, el hombre es responsable ante algo, la conciencia y también ante alguien, la Conciencia, Dios.

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